‘A carta abierta’: Pepe Lombarte

El Torneo de este año ha transcurrido con cierta normalidad. Amura-Llambria ha subido el nivel de rendimiento respecto la edición anterior, teniendo en cuenta la incorporación del Julio Vargas que pasa de ser el máximo anotador de la edición 2017 con CME, a ser MVP y campeón del MIF18 con Amura para despedirse del torneo definitivamente.

Amura ha establecido los dos récords de anotación del torneo: 71 en un partido de la fase de grupos, y 61 en la final del torneo, partidos ganados por diferencia de 61 puntos y 30 puntos respectivamente. Han pasado por encima de todos los rivales, la mínima diferencia de puntos fue una victoria sobre Dream Team en semifinales por 16 puntos.

Me gustaría continuar hablando de Dream Team. Es un equipo que no generó expectación antes de empezar el torneo, formado por jugadores de Zaragoza, Málaga y Almería y casi en su totalidad por jugadores del 2003… Dream Team es un equipo que ha aprendido a jugar al baloncesto en equipo a lo largo del torneo y en mi opinión es el equipo que más ha mejorado.

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Su primer partido en fase de grupos fue contra Daumar en el que perdieron por 22 puntos, equipo al que vencerían en el tercer y cuarto puesto por 9 puntos. Dream Team ha consolidado las bases de un equipo liderado por un “big three” formado por: Gonzalo Echeverría (premiado como base del quinteto ideal del torneo siendo jugador de primer año), Pedro Martínez (gran tirador e perímetro) y Enrique Tejero (Gran dominio de la media distancia).

No todo son palabras bonitas en este torneo, ya que tanto Daumar como el conjunto lituano no han cumplido las expectativas que se generaron sobre ellos. Tanto uno como otro no demostraron tener la fortaleza y el espíritu de competición necesarios para seguir escalando en el torneo.